fbpx

Sobre El Miedo

¿Recuerdas la primera vez que sentiste miedo?

Mis primeros recuerdos de miedo incluyen alguna situación peligrosa: recuerdo en primero o segundo de EGB salir corriendo en el colegio porque venía el gamberro de turno que todas las mañanas nos quitaba el dinero del desayuno.

Otro día paseando con mi primo se nos cruzó un perro agresivo y comenzó a ladrarnos, aun recuerdo el escalofrío en el cuerpo.

En este tipo de situaciones se te activan los reflejos, los instintos de supervivencia y tienen una explicación lógica y razonable.

El otro día escuché una frase que me hizo pensar: “No tenemos miedo de las cosas o situaciones, tenemos miedo a la emoción que nos imaginamos que producen esas situaciones”.

Pensadlo bien: No tenemos miedo al ladrido del perro, tenemos miedo al dolor que nos imaginamos que nos causará su mordedura. No nos da miedo el que nos quiten el dinero del desayuno, nos atemoriza sentirnos atracados, ridiculizados y encima, con hambre.

No tenemos miedo a la habitación oscura que sale en la película, nos aterra el sentimiento de lo desconocido, de no ver, de perder el control de nuestros sentidos.

El miedo a hablar en público es uno de los mayores “miedos populares”, en realidad agrupa un montón de miedos a emociones: miedo a sentirte rechazado, juzgado, miedo a no saber o a sentirte incapaz.

Hay miedos que no parecen estar relacionados con nuestra supervivencia, al menos física, tienen que ver con la supervivencia de nuestras identidades forjadas muchas veces, en creencias limitantes sobre nosotros mismos.

Cuando desafiamos uno de estos miedos, desafiamos las creencias que lo han originado. Al enfrentarnos al miedo de hablar en público, nos enseñamos a que somos capaces, a no juzgar y a contribuir con nuestro habla.

Cuando nos enfrentamos al miedo a cambiar un trabajo que nos asfixia o romper una relación tóxica, nos enseñamos que somos merecedores de algo mejor.

Cada miedo es una oportunidad, no para cambiar las circunstancias que creíamos que causaban nuestros miedos, sino para cambiar la percepción que tenemos sobre nosotros mismos.

Al cambiar la forma en la que nos identificamos, cambian las interpretaciones y los juicios que hacemos a todo lo que percibimos del mundo y, allí donde antes había un miedo, ahora queda un motivo para celebrar y agradecer.

Deja un mensaje